IMPACTO

Este mexicano está atrapado en Wuhan, el epicentro del mortífero coronavirus: «Solo quiero salir de China»

Cuando Jesús Daniel Stamatis atiende a la videollamada, en Wuhan ya ha arrancado la madrugada de este lunes. Este arquitecto mexicano de 36 años lleva casi cuatro en esa ciudad de China central. Desde que las autoridades del país pusieron a la ciudad en cuarentena por ser el epicentro de un brote mortífero de un coronavirus hasta ahora desconocido, está atrapado allí, y todavía no ha encontrado forma de salir. Por eso ha pedido ayuda a las autoridades mexicanas y estadounidenses.

La propagación de este microbio misterioso, que en pocas semanas ya ha provocado la muerte de al menos 80 personas y el contagio a 2,744 en todo el país oriental, parece de momento imparable. Se trata de una situación de emergencia sanitaria internacional: varios casos de infección se han confirmados en distintos países, entre ellos, cinco en Estados Unidos.

Los efectos sobre la salud de este nuevo coronavirus se manifiestan en forma de enfermedad respiratoria, con tos y fiebres como síntomas más comunes. Pero su ataque pueden agravarse y derivar en una neumonía, una dolencia potencialmente letal.

Los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC, en inglés) informaron este viernes que consideraban que aún el riesgo de propagación para el público general estadounidense es bajo. Pero alertaron de que puede haber nuevos casos de contagios en los próximos días.

Mientras que en Estados Unidos y varias naciones han extremado los controles sanitarios sobre viajeros procedentes de China, el país asiático ha aislado a decenas de millones de habitantes para intentar frenar la propagación de esta enfermedad. En Wuhan se construyen a contrarreloj dos hospitales para hacer frente al número cada vez más alto de personas que necesitan atención médica.

«No quiero salir de mi casa»

Stamatis es uno de los 11 millones de habitantes bloqueados en esta ciudad, donde están paralizados tanto el transporte público interno, como el tráfico aéreo y ferroviario en entrada y salida.

El “miedo”, dice, se ha apoderado de la ciudad. “He estado tres días encerrado”, cuenta desde su departamento. “No quiero salir de mi casa. Nadie quiere”, afirma.

El hombre, quien realiza un doctorado en arquitectura con el bambú en Wuhan, dice que de momento se siente en buenas condiciones de salud. “No tengo gripa, estoy comiendo bien”, cuenta. Pero advierte que no se siente tranquilo y por eso prefiere salir del país cuanto antes.

El haberse quedado atrapado en esa ciudad ha sido fruto de la mala suerte, según él. “El 11 de enero llegué a México por un compromiso familiar. El 17 tomo el vuelo de regreso”, hace el recuento. Dos días después, la noticia de que el nuevo coronavirus se estaba propagando rápidamente ya había echado a correr. “Para el 22, la ciudad estaba cerrada. Si lo hubiera sabido, me hubiera quedado en México”, afirma.

Por el otro lado, su novia, quien vive con él y es de nacionalidad china, se encontró en la situación opuesta: un día antes de que las autoridades pusieran a Wuhan en cuarentena, salió de la ciudad para ir a visitar una familiar. Y ahora no puede regresar.

Petición pública de ayuda

Stamatis asegura que empezó a preocuparse más por lo que estaba ocurriendo este sábado, cuando leyó las noticias de que el presidente chino, Xi Jinping, había informado de que la situación estaba “grave» y de que Estados Unidos se movía para sacar en avión a sus ciudadanos. Llamó primero a la embajada mexicana en Beijing y al consulado del país en Shanghái para saber si había posibilidad de irse de allí. Al ver que no se le ofrecía una posibilidad de salida inmediata, propuso entonces sumarse a la delegación estadounidense en cuanto su partida estuviera lista. «Vamos a tomar tu recomendación», fue la respuesta de los diplomáticos que lo atendieron, afirma.

Pero él no se limitó a eso y decidió pedir ayuda a la comunidad en las redes sociales. “Estimados Embajadores, soy Mexicano en Wuhan, China. La ciudad esta baneada pero USA planea mandar avión de rescate. Qué puedo hacer para subirme a ese avión? tengo Visa y todo. Gracias. Gracias. Gracias. Por favor.”, fue el mensaje literal que publicó en Twitter.

La respuesta de las autoridades no tardó. El embajador estadounidense en México, Christopher Landau, le contestó poco después: “Déjame checar con mis agregados consulares. ¡Ánimo y saludos!”. Representantes del Gobierno mexicano le aseguraron que ya se habían activado para darle apoyo y buscar una solución para proteger su salud, aunque sin poder “prometer nada”.

El Departamento de Estado estadounidense ha anunciado este domingo que prevé evacuar al personal diplomático del país presente en Wuhan y algunos ciudadanos privados con un vuelo directo para San Francisco, California, programado para este martes.

Posteriormente a esta información, Landau se ha dirigido otra vez a Stamatis en Twitter: “Las autoridades de USA saben de tu situación. Por ahora parece que hay más ciudadanos USA que asientos en el avión pero eso puede cambiar de un momento para el otro. Nos quedamos en contacto. ¡Ánimo!”, escribió.

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«Un ambiente muy raro»

El arquitecto nacido en Guadalajara aguarda la esperanza de poder alejarse de Wuhan mientras el brote del coronavirus siga generando alerta. “Lo que me gustaría sería una respuesta positiva, que me digan vamos por ti el día martes o miércoles o el día que sea, súbete al avión y llegas a Washington o donde sea, estar allí en un hotel o lo que sea”, declara en medio de su desesperación a Noticias Telemundo, “en resumen, ¡salirme de China!”.

Por ahora, se tiene que conformar con protegerse como puede. Desde que Wuhan ha sido puesta en cuarentena, solo ha salido de casa dos veces brevemente para ir a buscar comida a un supermercado cercano, el único local que ha permanecido abierto en su vecindario. Lo que se encontró en el camino, cuenta, han sido “calles desiertas”, la circulación de transeúntes o carros casi nula, y un ambiente “muy raro”.

Dentro del establecimiento comercial, por otro lado, muchísima gente apresurada para hacerse con provisiones suficientes, según relata. “La cola daba la vuelta de los pasillos”. Tras comprar este domingo productos congelados y enlatados, regresó a su departamento, donde esperará novedades sin tener que acudir al trabajo durante algunos días, ya que el país entero justo estos días celebra su tradicional festividad de Año Nuevo.

En Wuhan, dice Stamatis, se ha acostumbrado a vivir en un entorno compuesto por personas procedentes de varias partes del mundo, pero donde encontrar a connacionales parece ser una misión complicada: “la comunidad latinoamericana aquí es muy chiquita”, comenta.

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